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Los fabricantes, en su empeño por facilitar el uso de la freidora, incorporan nuevas funciones y accesorios. Entre los elementos más prácticos, el temporizador y el interruptor de puesta en marcha (independiente del termostato).
Algunas freidoras disponen además de sistemas de autolimpieza. Aunque lo que mejor funciona es meter la cubeta en el lavavajillas: hay modelos que permiten separar la cubeta de la resistencia, de forma que pueda meterse más fácilmente.
Todos los modelos cuentan con una zona fría, donde se depositan los restos de los alimentos fritos por debajo de la resistencia. Así no vuelven a calentarse ni se mezclan con las siguientes frituras. En cualquier caso, aún no se ha inventado la freidora que evite los olores; algunas incluyen un filtro antiolor, pero su eficacia no es perfecta.
Cocinar los alimentos en la freidora es mucho más seguro que hacerlo en la sartén. Al tratarse de un recipiente cerrado, se evita el riesgo de quemaduras por salpicaduras de aceite caliente. Además, todos los fabricantes consiguen que las piezas de la carcasa y las partes accesibles no se calienten tanto como para suponer un riesgo de quemadura si se rozan. Al mismo tiempo, todas las freidoras analizadas cuentan también con sistemas de protección frente a descargas eléctricas.
Si se fríe a menos temperatura (a 160ºC en vez de 180ºC, por ejemplo), los alimentos fritos tendrán algo más de grasa, ya que tardan más en freírse; pero será de forma casi inapreciable. Por el contrario, el aceite se degradará menos. Freír a 160ºC es más seguro y ahorrará algo porque tendrá que cambiar el aceite con menos frecuencia.
Tenga en cuenta que algunos alimentos que en crudo apenas tienen grasa, al freírse pueden contar con hasta un 20% de grasa, como en el caso del calabacín. Seleccione también entre las opciones de alimentación más sanas, por ejemplo, la patata cruda, una vez frita, lleva menos grasa que las patatas prefritas congeladas.
No son aparatos caros, por unos 40 euros puede encontrar un modelo aceptable, aunque el precio puede llegar a los 100 euros en las freidoras más sofisticadas. Cuantos más accesorios y funciones tenga, más caro será el aparato. Compare entre establecimientos antes de decidirse, ya que puede ahorrarse hasta un 20% en un mismo modelo.

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