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Una
herramienta de seguridad alimentaria
“Aviso de las autoridades sanitarias para los consumidores
que tengan en su casa una lata de conservas de alcachofas
de la marca X: no consuman las del lote Y y fecha de caducidad
Z”.
Este tipo de noticias es relativamente frecuente. En el momento
en que se tienen sospechas fundadas de que un alimento puede
causar problemas de salud, las autoridades sanitarias activan
la red de seguridad alimentaria. Los fabricantes son los primeros
interesados en localizar cuanto antes los lotes de alimentos
sospechosos, retirarlos del mercado y limitar así una
posible crisis alimentaria. Pero para poder tomar estas medidas
es fundamental tener la “trazabilidad” de estos
alimentos, es decir, tener en una base de datos el registro
de los alimentos durante todo el proceso, desde su origen
hasta que llegan a manos del consumidor.
“Este alimento contiene más de un 0,9% de ingredientes
transgénicos”.
El consumidor que no quiera tomar un alimento transgénico,
sólo puede estar seguro de no hacerlo si esta información
viene recogida en el etiquetado del producto final. Por ejemplo,
en una ensalada elaborada, que contenga maíz transgénico
entre sus ingredientes, sólo si se ha seguido la pista
del maíz (su “trazabilidad”) desde que
se cultivó, se recogió, se vendió y se
distribuyó, y en cada etapa se han anotado los movimientos,
con sus nombres y fechas, es posible que la empresa que prepara
la ensalada pueda informar en la etiqueta la condición
del maíz.
¿Qué utilidad tiene?
La trazabilidad tiene diferentes significados y utilidades
para cada uno de los protagonistas de la cadena alimentaria:
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A los productores y fabricantes les sirve
para localizar rápidamente un lote problemático,
de manera que el resto de la producción no se vea
afectado por el velo de la sospecha.
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A las autoridades sanitarias les permite
inmovilizar rápidamente los productos inseguros
y, si es necesario, retirarlos del mercado.
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A los consumidores les da
tranquilidad saber que, si surge una alerta alimentaria, los
controles van a funcionar. Por otro lado, el derecho del
consumidor con respecto a la información que recibe de los
productos de alimentación, que hasta ahora se limitaba a que
fuera veraz, eficaz y suficiente respecto a sus
características esenciales, se amplía a estar informado
sobre el origen y otros datos esenciales que le permitan
decidir si consumir o no ese producto.
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