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Los consumidores son conscientes de la importancia que una nutrición adecuada tiene para su salud y bienestar. Y también saben el valor de una buena información. Quieren saber más sobre los productos que consumen: si son sanos, cuál es su composición, cuál es su origen, a qué procesos han sido sometidos, etc. Por eso valoran disponer de suficiente información en la etiqueta, y también que esa información sea de fiar, sin que incluya informaciones que puedan inducir a error.
Aprecian, en fin, un buen etiquetado nutricional de los alimentos, una herramienta básica para una dieta completa y equilibrada.
Es toda la información que aparece en la etiqueta de un alimento en relación con su valor energético y su contenido en una serie de nutrientes: proteínas, hidratos de carbono, grasas, fibra alimentaria, sodio, vitaminas y minerales.
No es obligatorio que un producto disponga de etiquetado nutricional, a no ser que se incluyan alegaciones nutricionales, es decir, cuando se dice que el producto tiene alguna cualidad especial, por ejemplo “rico en…”, “bajo contenido en…”, “fuente de…”, etc.: en ese caso, sí es obligatoria la inclusión del etiquetado nutricional.
La norma de etiquetado sobre propiedades nutritivas de los productos alimenticios fija dos modalidades de etiquetado nutricional:
La información nutricional debe expresarse por 100 g o 100 ml de producto.
La etiqueta nutricional de un alimento es su tarjeta de presentación. Con ella, el consumidor puede conocer las características nutritivas del producto y decidir su compra, según sus necesidades.
El Libro Blanco de la estrategia europea sobre problemas de salud relacionados con la alimentación, el sobrepeso y la obesidad insiste en la necesidad de que los consumidores dispongan de una información clara, coherente y basada en hechos. Precisamente, el etiquetado nutricional es una forma establecida de informar al consumidor sobre la composición de los alimentos. Gracias a esa información, está en su mano elegir, con conocimiento de causa, alimentos sanos que le permitan seguir una dieta equilibrada. Para cumplir ese objetivo, la información debe ser completa, clara y fácil de leer; en caso contrario, el etiquetado nutricional resultará una herramienta ineficaz para el consumidor.
Por lo tanto, el etiquetado nutricional es un instrumento de comunicación válido para promover la educación alimentaria de los consumidores.
A principios del año 2008, la Comisión Europea adaptó una propuesta de Reglamento para que el etiquetado de los alimentos fuera más claro para el consumidor.
Éstos son algunos de los principales puntos de la propuesta:
Desde la Organización de Consumidores y Usuarios aplaudimos esta propuesta de Reglamento cuyo objetivo es mejorar la información de la que dispone el consumidor, algo que nos parece muy necesario.
Aún así, creemos que la propuesta es mejorable. Por eso, pedimos que:
Desde la OCU insistimos en que una buena alimentación no se debe basar en la existencia de alimentos malos o buenos, o prohibidos y permitidos, sino en alimentos de consumo diario y otros de consumo ocasional: esperemos que un mejor etiquetado nutricional contribuya a que los consumidores lo perciban así.