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Cambiar de banco

1 enero 2011
Cambiar de banco

Muchos consumidores se quejan de su banco (por las elevadas comisiones, por la mala atención, porque no les facilitan información...). Sin embargo, se muestran reticentes a cambiar de entidad, quizá porque se sienten atados por tener un préstamo hipotecario, o porque piensan que será un trámite complejo. Cambiar de banco no es tan complicado y puede resultar muy rentable.

Una cuenta corriente o una libreta de ahorros no son productos para ahorrar, sino herramientas para gestionar cobros y pagos. Por eso, lo que el usuario debe valorar sobre todo es que la entidad le preste el servicio que espera de la forma adecuada y, muy importante, que mantener esa cuenta no le cueste (demasiado) dinero.

Banco y cliente, ¿unión indisoluble?

Las condiciones de una cuenta corriente no son fijas: se pueden negociar. Si no está satisfecho con el servicio que le ofrece su entidad, trate de revisar las condiciones de su actual cuenta. No es mucho pedir que no le cobren comisión de mantenimiento, por ingresar cheques o realizar transferencias.

Por otro lado, tener una cuenta corriente en una entidad no significa tener que contratar también con ella otros productos. Aunque la cuenta sea buena, puede que los préstamos, las tarjetas o los fondos de ese banco no se encuentren entre los mejores.

En todo caso, si por la circunstancia que sea tiene que mantener su cuenta corriente, siempre puede dejarla sólo para lo que sea imprescindible, y abrir otra que no le cobre comisiones para realizar las transacciones que le salgan más caras en la de siempre.

Un cambio paso a paso

¿Tiene una nueva cuenta para gestionar pagos y créditos?

Pues debe empezar por cambiar la domiciliación de la nómina. Diríjase al departamento de personal de su empresa para indicar el cambio, y facilitarle el número de la nueva cuenta donde quiere que le ingresen la nómina.

El siguiente paso es cambiar todas las domiciliaciones de recibos. Este trámite lo puede realizar la nueva entidad (usted debe darle los datos o, para simplificar, un copia del último recibo), o bien encargarse usted mismo, poniéndose en contacto con cada emisor de recibos para facilitarle la cuenta donde deberá pasarlos en adelante.

Después llega el turno de las tarjetas. Una vez que las nuevas estén operativas, es el momento de cancelar las viejas. Tiene que acudir a la sucursal bancaria a pedir la cancelación: es posible que no le permitan hacerlo hasta que no haya liquidado todos los pagos que tenga pendientes.

Cuando llegue el momento de cancelar definitivamente la cuenta le exigirán la firma de todos los titulares y la devolución de todos los medios de pago de que disponga. En ese momento, el banco tendrá que proceder a la liquidación de la cuenta y, si es una cuenta remunerada, calcular los intereses generados hasta la fecha y abonarle el saldo resultante.

Nuestros consejos

  • Cuando recopile sus recibos, preste especial atención a los que vienen con menor frecuencia (seguros, impuestos municipales, etc.), que son los más fáciles de olvidar.
  • Espere a comprobar que le cargan correctamente los recibos en la nueva cuenta antes de cancelar la vieja.
  • Al devolver las tarjetas puede pedir que le restituyan la parte proporcional de la cuota anual de la tarjeta. Y lo mismo con la comisión de mantenimiento de la cuenta. No se haga muchas ilusiones, pues ya de entrada en algunos contratos se especifica que en caso de cambio el cliente no tiene derecho a ninguna devolución, pero que se lo dieran sería una muestra de buena práctica bancaria.
  • Intente que en el momento de la cancelación el saldo de la cuenta no sea muy elevado. Procure también retirar el importe en efectivo: si tiene mucho dinero y pide una transferencia o un cheque bancario, tal vez quieran cobrarle una comisión.
  • Solicite que en la liquidación le incluyan un extracto con los últimos movimientos.
  • Siempre es preferible cancelar la cuenta que mantenerla inactiva, pues le seguirán cargando comisiones de mantenimiento que se irán "comiendo" ese saldo.


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