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Lo normal es que el detector de CO lleve un sensor que, cuando detecta una determinada concentración de CO, hace saltar una alarma. Hay modelos mejorados que, además de dar la alarma, cortan la emisión de gas. Y hay modelos que detectan también otros gases (propano, gas natural, butano,…).
Para que puedan funcionar correctamente, los detectores de CO deben colocarse en el techo o, como mínimo, a 1,5 metros del suelo. No deben estar fuera de la vivienda, ni en lugares cerrados (armarios, trasteros, despensas,…), ni encima de la cocina, fregadero o zonas húmedas, ni en sitios con ventilación o corriente de aire, ni deben estar expuestos a menos de -5ºC o por encima de los 40ºC.
Lo normal es que un detector de CO tenga una vida útil de 4-5 años. Lo mejor es que lo pruebe cada cierto tiempo para asegurarse de que siga siendo fiable.
La mayoría de los modelos detectan bien las emisiones de CO, pero el problema es que el usuario no puede saber si la alarma realmente funciona hasta que hay una emisión de CO, algo un poco arriesgado cuando está en juego la seguridad y la vida de las personas.
Lo normal es que, para concentraciones bajas de CO, la alarma salte en unos 30 minutos. Es una duración adecuada que permite actuar a tiempo y evita falsas alarmas que minarían aún más la fiabilidad de estos aparatos. Pero tenga en cuenta que si el detector no avisa a tiempo, la vida de las personas expuestas al gas correría un serio peligro.
Si suena la alarma, actúe con calma, pero reaccione rápido. En primer lugar cierre la llave del gas y ventile la estancia, abra puertas y ventanas. No encienda ni apague luces, incluido el detector de CO. Apague todas las llamas y fuentes de calor (cocina, cigarros, estufas,…), y llame cuanto antes al Servicio de Reparaciones, a ser posible desde otro lugar.
Tenga en cuenta que, por las características del CO, no podemos saber que nos estamos intoxicando hasta que sufrimos sus efectos, que dependerán en gran medida del estado de salud de la persona y su edad (los niños y ancianos son más vulnerables). Los efectos van desde trastornos cardiovasculares, dolor de cabeza, náuseas, problemas de movilidad, confusión, mareos, irritabilidad, pérdida de visión, hasta convulsiones, coma, colapso y muerte.
Los detectores de CO pueden ayudar a prevenir intoxicaciones por este peligroso gas, pero no son fiables, ni baratos, y sus resultados dejan mucho que desear. Por ello, nuestra recomendación es que lleve a cabo las revisiones oportunas y el mantenimiento de sus instalaciones de forma adecuada.
Permita únicamente que profesionales acreditados arreglen o instalen sus equipos de gas. Si tiene chimenea, asegúrese de realizar un mantenimiento adecuado del tiro para que no se obstruya. Conviene que el recinto donde se ubique el aparato de combustión no esté herméticamente cerrado, para facilitar su correcta ventilación.

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