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Cada cierto tiempo salta a primera página de la actualidad la muerte de algún alpinista aquejado de lo que comúnmente se conoce como “mal de altura”. Un “mal” más frecuente de lo que a priori se piensa, aunque, afortunadamente, la mayoría de las veces en su forma más leve.
El mal de altura se debe a la disminución de la presión parcial del oxígeno conforme aumenta la altitud, lo que hace que la sangre contenga menos oxígeno. El cuerpo responde produciendo más glóbulos rojos con el fin de transportar más oxígeno a los tejidos, aunque esta adaptación puede durar varios días o semanas. Otra forma de responder del organismo es aumentar el ritmo y la profundidad de la respiración.
Las personas que ascienden por encima de los 2200-2500 metros en el plazo de unas pocas horas, sobre todo si provienen de alturas cercanas al nivel del mar, pueden notar como su ritmo cardiaco se acelera y cierta sensación de dificultad respiratoria.
Otros síntomas que pueden aparecer en el mal de altura son dolor de cabeza, náuseas, problemas de concentración e insomnio. La actividad física empeora los síntomas.
Los síntomas de un mal de montaña leve ceden normalmente tras dos o tres días de aclimatación. Mientras tanto se aconseja beber mucho líquido y evitar la actividad física. El dolor de cabeza puede tratarse con un analgésico común. Si los síntomas no ceden o debe consultarse con el médico.
Sin embargo, el mal de altura también puede manifestarse de una forma más grave: en forma de edema (acumulación de líquido) en alguna parte del cuerpo. Las dos manifestaciones más temibles, que pueden llevar a la muerte, son el edema pulmonar y el edema cerebral. Por lo general, se produce entre 24 y 96 horas después del ascenso.
La persona notará una gran dificultad respiratoria. Conforme el cuadro avanza, estos síntomas pueden acompañarse de tos con expectoración que puede ser de color rosado, debido a que contiene sangre. ¡Atención!. El riesgo es mayor en personas que de por sí viven a gran altitud cuando vuelven a su lugar de residencia tras pasar unos días en zonas situadas a nivel del mar
En el caso del edema cerebral, el líquido se acumula en el cerebro. Los síntomas, en este caso, pueden ser torpeza, confusión mental, dolor de cabeza más intenso, alucinaciones, pérdida de equilibrio… Puede dar la impresión de que la persona está borracha pese a no haber ingerido alcohol.
Si aparecen síntomas de edema pulmonar y/o cerebral, a la persona debe administrársele oxígeno y recibir de inmediato asistencia médica inmediata. Si no es posible, al menos debe iniciarse el descenso a alturas menos elevadas, hasta que la persona pueda recibir asistencia. El simple hecho de descender puede hacer que el cuadro mejore sustancialmente.