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Verano y vacaciones suelen llegar de la mano, y no son pocos los que quieren plantarse en la playa con un moreno bien trabajado. Para lucir una piel tostada desde el primer día de vacaciones, hay quien recurre a las cremas autobronceadoras.
La publicidad nos dice que aplicándonos estas cremas, nos pondremos tan morenos como si hubiésemos estado en la playa. Sin embargo, es importante matizar y analizar en qué consisten verdaderamente estos cosméticos.
No juegues con tu piel: infórmate y actúa en consecuencia.
Las cremas autobronceadoras no son un placebo: tienen un efecto sobre la piel, aunque solo en el estrato más externo de la epidermis. El moreno de nuestra piel tiene que ver con la producción de melanina de nuestro organismo, que aumenta cuando nos exponemos a los rayos UVA (por efecto del sol o por medios artificiales). Las cremas autobronceadoras no participan en este proceso, por lo que no protegen contra la exposición al sol: no son cremas protectoras.
Se trata simplemente de productos que colorean la piel de manera artificial, mediante un mecanismo completamente diferente al de los pigmentos naturales que entran en acción por la exposición al sol de nuestro cuerpo.
Una de las desventajas de usar este tipo de cremas es la posibilidad de que, tras su uso, aparezcan espinillas. Si se tiene una piel grasa, los autobronceadores pueden oxidarla y favorecer que se desarrollen impurezas y efectos adversos. La mejor opción es no usarlos demasiado a menudo y elegir el que mejor se ajuste a tu fototipo (pincha aquí para consultar los diversos fototipos).
No se han encontrado efectos negativos en los ingredientes principales de los autobronceadores. Normalmente, la clave de su fórmula es el DHA (dihydroxyacetone), con un bajo perfil de toxicidad a corto plazo pero que puede provocar reacciones alérgicas y del que aún faltan estudios concluyentes sobre sus efectos a largo plazo.
Informes de organismos europeos consideran que el uso del DHA en lociones para cara y cuerpo no supone un riesgo para la salud, siempre y cuando su concentración no supere el 10%. En el caso de los esprays (utilizados en las cabinas autobronceadoras), esta cifra puede subir hasta el 14%.
Otro ingrediente habitual de estas cremas es la eritrolusa (erythrulose), un azúcar natural que colorea la epidermis. No tiene efectos nocivos sobre nuestra piel, pero sí un impacto medioambiental negativo.
Existen compuestos cosméticos que cuentan únicamente con uno de estos dos ingredientes, pero tiene importantes desventajas. La eritrolusa por sí sola no es tan eficaz como el DHA. Y en los casos en que el DHA es el único principio activo, el resultado final es una piel demasiado anaranjada. Por lo tanto, la mejor fórmula es la combinación de DHA y eritrolusa.
Para completar la fórmula cosmética, se incluyen ingredientes con los que hay que tener cuidado. Revisa la composición de tus cremas y evita comprar todas las que contengan estos ingredientes: