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Todos estos elementos caracterizan, paso por paso, lo que desde la OCU llamamos “producto milagro”: productos, materiales, sustancias, alimentos, cosméticos o aparatos de diverso tipo que prometen, bajo enunciados indemostrables, efectos supuestamente beneficiosos sobre la salud de las personas.
Pueden alegar, e incluso funcionar, como remedio para trastornos y enfermedades de todo tipo, pero en la mayoría de los casos su publicidad se limita a meras promesas sobre circunstancias de nuestra salud que dependen básicamente de nuestra percepción subjetiva (fuerza, resistencia, elasticidad, equilibrio, energía, vigor o estado de ánimo).
Uno de estos productos está conociendo en estos momentos un éxito inusitado. Se trata de las pulseras holográficas. La más conocida es la pulsera “Power Balance”, pero no es la única, y ya cuenta con varias imitaciones.
El boom de estas pulseras holográficas es una especie de “revival” de las pulseras electromagnéticas que tan populares fueron hace ya bastantes años.
A diferencia de aquellas pulseras, ahora el elemento que supuestamente produce el efecto beneficioso es un simple holograma, en el cual, según reza el envoltorio de la pulsera holográfica, se habrían “incrustado frecuencias naturales halladas en la naturaleza”.
Ésta es una afirmación absurda en sí misma: la holografía no es más que una técnica fotográfica que permite recrear imágenes tridimensionales, que ni genera ni puede almacenar “frecuencias” (un concepto físico-matemático que mide simplemente el número de repeticiones de un fenómeno en una unidad de tiempo dada). Poco importa: de lo que se trata es de hacer creer que el producto es efectivo.
Es posible que haya personas que perciban un efecto beneficioso usando la pulsera holográfica, pero el poder de nuestra mente para variar la percepción de un mismo fenómeno en función de nuestra predisposición previa es sorprendente.
En cualquier caso, el coste de este producto (35 euros en el caso de la pulsera Power Balance) es demasiado elevado para algo que no deja de ser un placebo.
Una imagen vale más que mil palabras: en este video podrá ver lo que pretenden las pulseras... y lo que realmente se consigue con ellas.