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La patronal del pequeño comercio amenaza a los consumidores con un cierre generalizado de establecimientos el próximo día 18 de julio. A juicio de la OCU es incomprensible una actitud que rechaza el derecho a abrir cuando se quiera para atender a las nuevas exigencias de los consumidores. Derecho, que no obligación. La medida del gobierno se ha quedado en un tímido avance hacia la libertad plena de horarios que pide la OCU. De hecho, en aquellas Comunidades donde las grandes superficies abren actualmente 8 domingos al año, deberán esperar hasta el 2003 para poder abrir un domingo al mes.
Para la OCU, la libertad de horarios debe ser un elemento animador de la competencia no sólo entre el pequeño y el gran comercio; también entre establecimientos de dimensiones similares. La OCU no está por la desaparición del comercio de proximidad, pero apuesta por los que tienen el dinamismo y la capacidad suficientes para adaptarse a las nuevas exigencias de los consumidores, cuyos hábitos y preferencias han sufrido una evolución que no se puede dejar a un lado.
Una lectura de este cierre patronal desde el prisma de los consumidores podría llevar a establecer una distinción entre los comerciantes que se niegan a adaptarse al consumidor y pretenden para que sea éste el que entre el su dinámica: aceptar un tipo de comercio que en los últimos años apenas ha hecho el menor esfuerzo de actualización y que exige medidas de protección que, muy difícilmente, van a permitir su supervivencia. Máxime cuando lo que está en el horizonte más cercano es el comercio electrónico. Hoy ya son muchos los que lo hace; mañana, posiblemente, la mayoría de los consumidores españoles podrán comprar donde quiera, cuando quiera, con una oferta más amplia, con precios interesantes y con servicio a domicilio. Las medidas restrictivas a la libertad de horarios son, a juicio de la OCU, un vano intento de evitar lo inevitable: que los únicos comerciantes y prestadores de servicios que subsistirán serán aquellos que sean capaces de responder a las exigencias del nuevo consumidor. Una respuesta que empieza por el "cuándo". La libertad que la OCU exige (que no la obligación) es que el comerciante tenga la libertad de elegir el horario más adecuado para atender a los consumidores de su entorno. No se trata de que todos (grandes y pequeños) abran los mismos días horas y las mismas horas sino que cada comercio pueda elegir el momento de hacer su oferta al consumidor. El siguiente reto pasa por la creatividad e imaginación para atraer al consumidor con una oferta lo suficientemente atractiva como para ganar su fidelidad. Y en este ámbito, las medidas proteccionistas son ya más difíciles.