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Queremos cambiar la forma de medir la contaminación de los coches

24 abril 2012
Queremos cambiar la forma de medir la contaminación de los coches

El baremo para medir la contaminación de nuestros coches se basa en España únicamente en las emisiones de CO2, aunque hay otros elementos que dañan el medio ambiente y pasan inadvertidos. En la OCU apostamos porque se midan todos los elementos contaminantes.

Comprar un coche en España conlleva el pago de una tasa mediante el Impuesto Especial sobre Determinados Medios de Transporte (más conocido como impuesto de matriculación), del que únicamente nos libraremos si las emisiones de CO2 de nuestro vehículo son inferiores a 120 g/km.

La cantidad a desembolsar va en función del precio y de las emisiones de CO2 del vehículo:

0 % para emisiones menores a 120 g/km de CO2

4,75 % para emisiones entre 120 y 160 g/km de CO2

9,75 % para emisiones entre 160 y 200 g/km de CO2

14,75 % para emisiones de más de 200 g/km de CO2

Además, algunas comunidades autónomas han elevado el impuesto en los tramos más contaminantes como incentivo para que se adquieran vehículos que emitan menos CO2 y por lo tanto resulten menos dañinos para el medio ambiente, aunque algunas voces críticas ven en esta medida un componente exclusivamente recaudatorio, que evidentemente también existe.

Las emisiones de CO2 dependen directamente del consumo de combustible, por eso son más altas en los coches de gasolina, que, con la misma potencia, consumen más que los diésel. Pero el problema de basar el impuesto en este dato, es que se ignoran otros contaminantes más peligrosos, como las partículas o los óxidos de nitrógeno, potenciales causantes de muchas enfermedades.

No es justo

La situación es injusta, puesto que por un automóvil de gasolina se pagan más impuestos ‘medioambientales’ que por uno de gasóleo que, dependiendo del modelo, puede ser bastante más contaminante. Esta carga impositiva se acrecienta aún más a la hora de comprar el combustible, puesto que la gasolina está más gravada que el gasóleo.

La OCU, en el primer punto de su decálogo de la movilidad presentado hace unos años, ya solicitaba que se incentivara el uso de automóviles menos contaminantes independientemente del tipo de combustible que utilicen. Es decir, que no se penalice sólo la emisión de CO2.

Por ello, pedimos al Gobierno que siga adelante con la propuesta de modificación de impuestos y adecuación a las emisiones, pero con las siguientes matizaciones:

  • La recaudación global no debería subir, sino que se debería redistribuir, para no penalizar aún más la venta y fabricación de automóviles en España, que ya se encuentra en una situación bastante mala.
  • Además del impuesto de matriculación, se debería modificar el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica, que se paga anualmente y actualmente depende fundamentalmente de la cilindrada del motor. Se debería basar en la contaminación, y no en la cilindrada que, aunque tiene relación con la potencia máxima y el consumo, no es una medida fiable para penalizar a los vehículos más contaminantes.

Si se consigue penalizar todos los contaminantes importantes de los automóviles, mejorará el medio ambiente. Por un lado, los usuarios comprarán menos automóviles contaminantes, puesto que serán más caros, y por otro, los fabricantes invertirán más recursos en reducir dichos contaminantes para que sus vehículos sean más competitivos en precio, al igual que se ha mejorado mucho en las emisiones de CO2 en los últimos años.

Incentivar la ecología

De cara a reducir la contaminación en las ciudades, la OCU pide también que se fomente el uso de automóviles eléctricos mediante la exención del pago del aparcamiento regulado en el centro de las poblaciones a este tipo de vehículos.

Queremos que se aumente el número de puestos de recarga, dado que este tipo de vehículos se adaptan perfectamente al uso urbano: pocos kilómetros diarios y poca necesidad de prestaciones.


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