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La OCU ha realizado un estudio sobre la higiene de la carne de pollo, tanto envasada como a granel, cuyos resultados publica en OCU-Compra Maestra nº 331.
Aunque detrás de la mayoría de intoxicaciones alimentarias están las salsas crudas y el huevo… en ocasiones también se ve implicada la carne de pollo.
Para comprobar si la carne de los pollos que llega al consumidor está en las condiciones necesarias, compramos y analizamos 78 muestras de pollo, tanto a granel como envasadas, seleccionando las piezas que más se consumen. Los pollos envasados se analizaron al día antes de la fecha de caducidad, y las muestras a granel, entre las 24 y 36 horas tras la compra.
En el transcurso del estudio se analizaron distintos parámetros determinantes de la higiene de la carne de pollo. Afortunadamente, apenas detectamos la presencia de bacterias patógenas: sólo 2 de las 78 muestras tenían salmonela, y ninguna presentaba campilobacter. Sin embargo, sí descubrimos un problema generalizado: la falta de higiene en las muestras de los pollos
.De entrada, el proceso de sacrificio y preparación de las aves es complejo, y si no se extrema la precaución en la manipulación, el contenido intestinal del animal puede contaminar la carne: 5 de cada 6 muestras analizadas obtiene una mala valoración por este motivo.
Aún más grave, pues denota una muy pobre higiene en los pollos y compromete seriamente la vida útil de su carne, es la elevada presencia de microorganismos aerobios: obtienen malos resultados casi tres cuartas partes de las muestras analizadas.
La presencia de grandes cantidades de microorganismos deteriora rápidamente las muestras, que están en malas condiciones incluso antes de su caducidad (presentan mal olor, aspecto viscoso…). Y el problema se ve agravado por la elevada temperatura a la que están las muestras de carne en el momento de la compra. En teoría debería estar por debajo de los 4 °C , pero no era así en la mayoría de los casos. Si la carne del pollo se mantiene a temperatura demasiado elevada, se convierte en un medio donde proliferan rápidamente las bacterias, potenciando los problemas de higiene ya existentes.
Este grave problema de la falta de higiene es achacable al proceso de producción, distribución y, por supuesto, al punto de venta:
Todos estos problemas obligan al consumidor a ser muy cuidadoso al comprar, conservar y cocinar la carne de pollo. Desde la OCU, aconsejamos que: