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Si bien con la mayor parte de las brochas se puede obtener un resultado final aceptable, con una brocha de calidad, la tarea de pintar avanza más rápidamente y se obtiene un buen resultado con menos dificultades. Así pues, mejor comprar una buena brocha desde el principio, y mantenerla en buen estado para que dure cuanto más mejor.
En principio, las brochas grandes son más adecuadas cuando se trata de cubrir grandes superficies, mientras que las más pequeñas lo son para superficies pequeñas, remates o bordes. Por su parte, las paletinas (brochas planas) son más adecuadas para superficies planas y las brochas redondas, para superficies con formas, rincones o espacios pequeños.
Sea del tipo que sea, los atributos de una buena brocha son los siguientes:
Se suelen distinguir las brochas sintéticas (con cerdas de poliéster o nailon) de las que tienen cerdas naturales (de cerdo, caballo...). Unas y otras pueden utilizarse con toda clase de pinturas, aunque las sintéticas se limpian más fácilmente y sus cerdas suelen ser más duraderas (si se trata de una brocha de buena calidad, claro). Pero su precio a menudo suele ser el doble: entre 1,5 y 4 euros cuesta una brocha de cerdas naturales, mientras que una de cerdas sintéticas sale por unos 7 u 8 euros.
Si pinta usted sobre todo con esmaltes sintéticos, elija una brocha de cerdas naturales. Si usa casi exclusivamente pinturas acrílicas al agua, opte mejor por una brocha sintética, cuyas cerdas absorben menos.
De hecho, la elección entre sintética y natural tiene menos influencia en el resultado final que la calidad de la brocha en sí.
En las tiendas, existe una gran variedad de brochas, de formas, grosores y tamaños diferentes y para aplicaciones diferentes. Planas, redondas, puntiagudas, acodadas..., se adaptan a la superficie que deben pintar. Las acodadas, por ejemplo, son muy adecuadas para pintar en rendijas difíciles, como el interior de los radiadores. Pero, para la mayoría de los usos, una brocha plana sirve perfectamente, aunque también cuentan las preferencias personales de cada uno. Tampoco es necesario comprar pinceles muy finos para conseguir un buen acabado en los bordes; una brocha redonda o plana puede hacer la misma función y, además, será más rápida en superficies grandes.
En algunos establecimientos, las brochas suelen clasificarse en cuatro grupos: para pinturas plásticas, para esmaltes acrílicos, para esmaltes sintéticos y para barnices y otros productos de mantenimiento de la madera. En realidad, cualquier brocha buena vale para cualquier tipo de pintura. Esta distinción es una mera cuestión de márketing para vender más.