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Una medida para reducir el gasto doméstico de electricidad es sustituir las bombillas incandescentes tradicionales por las fluorescentes compactas, conocidas como de bajo consumo. Pero al ser más caras que las convencionales (entre 2 y 20 euros más caras, dependiendo del modelo y marca), muchos consumidores se resisten aún a comprarlas. Sin embargo a la larga compensan: gastan cinco veces menos de energía que las convencionales y duran más, con lo que el consumidor puede lograr un ahorro en su factura de la luz de hasta 30 euros al año por bombilla.
Las hay de varios tamaños y formatos (tubos, espiral, pera y globo), con distinta potencia y, según el fabricante, diferentes tonalidades de luz (luz de día, amarilla, azulada, rosa, rojiza o verde). Por lo general suelen ser sólidas y seguras, pero hay excepciones. Lo normal es que las bombillas de bajo consumo duren entre 6.000 y 12.000 horas que, en un uso medio, suponen entre 6 y 12 años de vida. Una bombilla convencional suele durar en torno a un año.
Este tipo de bombillas son la mejor opción para iluminar lugares donde la luz permanece encendida largo tiempo, pero no para aquellos donde se enciende y apaga constantemente (despensas, baños, etc.). Tampoco se recomiendan para iluminar lugares fríos, como terrazas, jardines, sótanos, bodegas o garajes.
Es obligatorio que el fabricante indique la clase energética a la que corresponde la bombilla, que puede ser A o B para las de bajo consumo, o E y F para las convencionales. Pero más que la clase energética, lo que interesa es la eficiencia, que se basa en lo rápido que encienda y en los años que funcione.
Cuando encendemos una bombilla de bajo consumo puede tardar en ofrecer su luminosidad total hasta cinco minutos, en el peor de los casos. Sin embargo, hay bombillas que a los 10 segundos ya emiten cerca del 45% de su intensidad máxima.
La resistencia es también clave. Este tipo de bombillas pierden luminosidad con el tiempo, sobre todo si se encienden y apagan con frecuencia. Una bombilla de bajo consumo de calidad aceptable debe aguantar al menos un encendido diario durante su vida útil.
Asegúrese de que la bombilla que compre sirve para su lámpara, no todas cuentan con un casquillo estándar. Esto puede suponer un riesgo ya que compromete la seguridad del usuario que, al manipularla, puede entrar en contacto con las partes metálicas electrificadas de la lámpara.
Otro factor a tener en cuenta es el impacto en el medio ambiente. Las bombillas de bajo consumo resultan muy tóxicas, ya que contienen mercurio. Por ello se recomienda no tirarlas nunca a la basura. Mejor desposítelas en un Punto Limpio o entréguelas en la tienda donde las haya comprado.
Y por último, compare precios. Muchas veces puede haber una diferencia de incluso el 90% de un establecimiento a otro, es decir casi el doble, para la misma bombilla.
