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Un estudio revela abusos laborales en plantaciones de judías verdes marroquíes

20 febrero 2013
Un estudio revela abusos laborales en plantaciones de judías verdes marroquíes

La ONG holandesa SOMO ha analizado las condiciones de trabajo que se dan en cuatro empresas productoras asentadas en Marruecos. El principal importador es España, que pese a ser un país productor compra fuera 100.000 toneladas de judías verdes al año.

La ONG holandesa SOMO ha publicado el informe Spilling the beans, sobre las condiciones de producción de judías verdes en plantaciones dedicadas a la exportación en Marruecos.

Este informe de SOMO se centra en la relación de estos productores con los supermercados holandeses, pero sus conclusiones son plenamente vigentes en España, ya que nuestro país es el primer importador de judías verdes marroquíes. Pese a que España es un país productor de hortalizas y frutas, importa 100.000 toneladas de judías verdes al año. España es el primer país de destino de las judías verdes producidas en Marruecos, aunque no todas las judías verdes importadas se consumen en el país.

La exportación de frutas y verduras a Europa, es una fuente destacada de puestos de trabajo e ingresos en algunos países en desarrollo, un negocio que se ha triplicado en los últimos diez años. Las judías verdes se importan cuando no es temporada de producción en Europa, y de esta manera los supermercados pueden ofrecer este producto durante todo el año a los consumidores.

El problema surge por las precarias condiciones de producción. La mano de obra reclutada para la recolección de judías verdes en Marruecos en su mayoría es menor de 30 años.

El trabajo agrícola suele ser temporal, y puede encadenar contratos temporales durante años. Los sindicatos argumentan que no debería dársele esa denominación de temporal, porque dura al menos 10 meses al año.

Aunque la legislación marroquí requiere que todos los trabajadores tengan contrato, aunque sean temporal, la realidad es que los trabajadores a menudo no firman nada, y realizan sólo acuerdos verbales.

El salario mínimo para la agricultura son 1.655 dirham (150 euros), por debajo del salario mínimo marroquí, que es de 2.555 dirham (230 euros). Los sueldos netos de los trabajadores son tan bajos que a veces ni siquiera llegan al mínimo legal.

La semana de trabajo estándar incluye 6 días de trabajo semanales, cada uno de ellos con 8 horas de trabajo, con lo cual las semanas laborales son de 48 horas. El trabajo (horas extra incluídas) no debe exceder de 10 horas diarias y las horas extra no debe pasar de 100 por trabajador al año.

Según el 85% de los encuestados en Marruecos, un día normal de trabajo es de ocho horas. Sin embargo, la jornada puede ser mayor o menor dependiendo de la temporada y la empresa. Durante la temporada alta, de febrero a abril, la mayoría trabaja hasta 14 horas diarias, lo que excede el máximo legal.

Cuando las empresas conocen que una empleada está embarazada, tiene altas posibilidades de ser despedida. Al hacer esto, la empresa viola los derechos de la mujer a la maternidad. La ley prevé una baja maternal de 14 semanas, pero lo más común es que las trabajadoras sean despedidas y regresen después de haber dado a luz.

Casi todos los trabajadores del campo son transportados al trabajo en vehículos de la empresa, que no suelen ser aptos para el transporte de seres humanos por su inseguridad: "Estamos a menudo apilados uno encima del otro en un camión, como animales; hombres y mujeres juntos."

La discriminación contra los sindicatos es común, y no son raros los ejemplos de trabajadores sindicados despedidos en el sector.

Tres empresas exportan a España

Tres de las cuatro empresas investigadas para la realización de este estudio exportan sus productos a España.

La firma Kanit exporta el 20% de su producción a España: Es la que presentaba las peores condiciones laborales, puesto que algunos de sus trabajadores no estaban inscritos en la Seguridad Social Marroquí (CNSS), por lo que no podían acceder a los servicios de salud. No da nómina a sus trabajadores. Los sindicatos no están tolerados, lo que influye en que las relaciones laborales sean malas. Aunque disponen de material de protección, no se utiliza sistemáticamente. Exigen horas de trabajo excesivas.

Guernikako, empresa de capital español, exporta una cantidad indeterminada de producto a España: Sin sindicatos activos y con cierta hostilidad hacia este tipo de organización, ofrece sueldos bajos y trabajo extra obligatorio. El transporte de los empleados se identificó como peligroso y el equipo de protección no estaba disponible adecuadamente. Además, no siempre se utilizaba durante la aplicación de los químicos. En esta empresa, no todos los empleados estaban inscritos en su sistema de seguridad social ni disponían de la documentación que les corresponde legalmente, como nóminas o registro del trabajador.

La compañía Alamo exporta el 100% de su producción a España: Respeta el salario mínimo e inscribe a la mayoría de sus empleados en la Seguridad Social marroquí. Las relaciones laborales son malas, especialmente entre los trabajadores sindicados y los jefes. Aunque disponen de material de protección, no se utiliza sistemáticamente. El mayor problema es que en temporada alta (abril-junio), las jornadas laborales podían ser de hasta 14 horas diarias, lo que excede claramente los límites legales.

Derechos humanos

Una de las conclusiones de este estudio es que las cadenas deberían actuar con la debida diligencia a la hora de controlar su aprovisionamiento de frutas y verduras, haciendo lo posible para identificar, prevenir, mitigar y justificar los impactos adversos en derechos humanos de su cadena de suministro.

La parte positiva es que las empresas no reportaron abusos de poder de compra por parte de los supermercados (holandeses en este caso). Los productores tienen una posición económica estable, con relaciones comerciales constantes y márgenes de beneficio adecuados, lo que debería permitirles mejorar las condiciones laborales de sus trabajadores.


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