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Falsos mitos sobre los descalcificadores magnéticos

6 agosto 2012
Falsos mitos sobre los descalcificadores magnéticos

Los descalcificadores magnéticos, que en ocasiones se venden con reclamos que prácticamente los convierten en productos milagro, no tienen una base científica y no pueden ser recomendados como eficaces para mejorar la calidad del agua del grifo.

La cal del es un problema evidente del agua del grifo, más acusado en algunas localidades que en otras, que no supone un riesgo para la salud pero que afecta a los aparatos que emplean agua caliente porque deja incrustaciones en las tuberías o, por ejemplo, en las resistencias de lavadoras y cafeteras.

La cal también interfiere en los detergentes, obligándonos a utilizar más jabón en cada lavado, y en el agua que consumimos genera regustos metálicos que pueden resultar desagradables.

En algunas ciudades, el agua tiene niveles elevados de dureza (así se califica la cantidad de cal). No por ello, deja de ser apta para el consumo, pero no es agradable a la hora de consumirla y se suelen instalar sistemas purificadores o filtros en los domicilios. De ahí que periódicamente los fabricantes innoven en estos productos, aunque, al no existir regulación para este tipo de dispositivos, en ocasiones se exageran sus presuntas virtudes.

Lo cierto es que los descalcificadores de agua no funcionan por igual y a veces se nos presentan como remedios milagrosos. Por esta razón, los hemos sometido a pruebas de laboratorio en numerosas ocasiones: hemos publicado información sobre sistemas basados en ósmosis, que no funcionan con aguas de elevada dureza porque estropean la membrana aunque son útiles para otros contaminantes; descalcificadores, describiendo diferentes maneras de tratar agua; y en septiembre publicaremos un estudio sobre jarras, que también se anuncian como activos para la cal pero no todas son igual de eficaces.

En cuanto a los modelos magnéticos, que tienen mucha presencia en los medios de comunicación, se venden como sistemas baratos y ecológicos porque no necesitan reactivos ni recambios, basta instalar unos imanes que “envuelven” las tuberías, pero hasta el momento no hemos podido analizarlos porque no cambian la composición química del agua ni otra característica que sea medible por métodos científicos:

  • No eliminan la cal del agua. Según anuncian lo que hacen es modificar la estructura cristalina de las sales al atravesar un campo magnético y así impedir la cristalización (la formación de los depósitos de cal). Es una modificación del estado físico que no es posible verificar ni cuantificar en laboratorio usando los métodos científicos estándar o reconocidos.
  • No cambian ni mejoran el gusto del agua, por lo que tampoco podemos evaluar la eficacia por un análisis sensorial. Esta semana la Asociación Española de Empresas de tratamiento y control de aguas (AQUA ESPAÑA) ha hecho pública una nota de prensa para aclarar los malentendidos generados sobre este tipo de productos, y nos parece interesante recoger algunas de las conclusiones o matizaciones:
  • No están autorizados por el Ministerio de Industria para ser instalados en la alimentación de calderas de vapor.
  • Ni modifican ni mejoran la calidad organoléptica, química o microbiológica del agua.
  • No disminuyen ni eliminan la concentración del cloro residual desinfectante en el agua de grifo, ni los subproductos de cloración ni cualquier otro, por lo que no la mejoran organolépticamente en lo que se refiere al aspecto, el olor o el sabor.
  • No convierten el agua del grifo en agua de manantial.
  • No solventan problemas de corrosión en las tuberías de agua.

En definitiva, los descalcificadores magnéticos son productos que no tienen una base científica, que no podemos recomendar como eficaces para mejorar la calidad del agua del grifo y que usan prácticas publicitarias que bordean o los acercan a productos milagro.


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