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Notas de prensa

El garrafón, una práctica en desuso

El garrafón, una práctica en desuso

Es de sobra conocido el rumor de que las bebidas de determinados locales de copas son de garrafón, pero ¿qué hay de cierto? La OCU ha acudido a 100 establecimientos de Barcelona, Madrid, Málaga y Valencia a comprobarlo y en ninguno han servido alcohol adulterado; por el contrario, todas las copas contenían el whisky de la marca solicitada. Este estudio aparece en la revista OCU-Compra Maestra, de la OCU, en su número 266, de diciembre.

La mayoría de las inspecciones sanitarias no van más allá de controlar el grado alcohólico para ver si se ha añadido agua y, en algunas ocasiones, verificar si es o no el licor en cuestión (whisky, ron, etc.). En caso de que se haya sustituido un licor caro por otro barato, la inspección no detecta el fraude. La OCU ha sido capaz de determinar ese aspecto y, aún más, de poder afirmar si el licor expedido corresponde o no a la marca que se indica en la botella.

Así se hizo

En julio de 2002, los colaboradores de la OCU acudieron de forma anónima a 100 establecimientos de todo tipo de ambientes nocturnos en Barcelona, Madrid, Málaga y Valencia, incluidas algunas zonas cercanas "de marcha" como Costa Polvoranca en Madrid, la ruta del bacalo en Valencia, y varias poblaciones turísticas de la Costa del Sol (Benalmádena, Marbella y Torremolinos). Para el análisis se eligió la bebida alcohólica más consumida en el mercado español, un whisky escocés de una marca concreta. Por exigencia del laboratorio, el whisky debía servirse solo, sin refresco ni hielo; los colaboradores pedían primero un whisky con cola (se presume que en un combinado la probabilidad de que sea garrafón es mayor) y, en el momento en que el camarero lo estaba sirviendo, otro amigo del grupo pedía un whisky solo para que se lo pusieran de la misma botella que el combinado. Y del vaso, con suma discreción, se pasaba el contenido a un recipiente adecuado que se mantenía en condiciones de refrigeración y oscuridad hasta el análisis en el laboratorio.

El laboratorio, acreditado y con sobrada experiencia en este tipo de análisis, comprobó si habían añadido agua, determinó si realmente era whisky y verificó si era un whisky envejecido 5 años, con lo cual pudo concluir si el licor analizado se correspondía o no con el de la marca.

Una degustación terminó de aclarar las dudas. De entre las 100 muestras recogidas, los colaboradores eligieron las 12 que, a su juicio, tenían olor o sabor extraños para someterlas a una cata de expertos en estas bebidas. Las 12 muestras sospechosas fueron comparadas frente a un whisky estándar de la misma marca adquirida en una tienda.

Así se hizo

Conclusión del laboratorio: no hay garrafón, la totalidad de las muestras analizadas se corresponden con la marca pedida. Y la degustación confirma el resultado: los catadores han determinado la inexistencia de olores y sabores extraños, la ausencia de diferencias entre el olor y sabor de las muestras y del whisky estándar, y revelan que todas presentan la misma tonalidad.

Entonces, ¿por qué se sigue rumoreando que en determinados establecimientos te dan garrafón? Tres son las razones aducidas por la OCU.

1. El fraude es ahora menor que hace unos años. Según datos del propio fabricante del whisky escocés utilizado para la prueba práctica, las elevadas cantidades de dinero que han empleado para combatir el fraude han conseguido reducirlo de en torno al 6% de los años 90 al 1% en la actualidad.

2. El consumidor no es un experto. El sentido del gusto se satura fácilmente y, una vez cargado, es imposible apreciar bien los sabores. El ambiente del local, el humo, un vaso mal aclarado, el tabaco (bloquea las papilas), la alta graduación del propio alcohol, etc. pueden confundir el sentido del gusto y hacer creer que la bebida que está tomando no es la misma de siempre.

3. La ingesta abusiva de alcohol de buena calidad produce unos trastornos del metabolismo que también origina resaca. Las náuseas, vómitos, dolores de cabeza, etc. del día siguiente nos pueden hacer pensar que se deben a un licor malo (con más razón si nos parecía que olía un poco extraño…), cuando es muy probable que lo que ocurra es que el organismo no ha tolerado tanto alcohol, aunque fuera una cantidad relativamente moderada.

Precios muy diferentes

Además, el estudio de la OCU incluye un amplio estudio de precios de la copa pedida. En Barcelona la copa variaba desde los 3,1 euros a los 17; en Madrid, de los 2 a los 18; en Málaga de los 2,4 a los 30; y en Valencia, de los 5 a los 15. Los precios máximos corresponden siempre a la entrada con consumición de una discoteca. Los más bajos a copas pagas en un bar o un pub. En el caso de algunas macrodiscotecas de la ruta del bacalao, la entrada cuesta entre 8 y 10 euros y en algunas hay que pagar un suplemento por una copa de alcohol. En un pub de Torremolinos el precio para los hombres era el doble que para las mujeres (12 euros frente a 6).

La OCU es una organización de consumidores y usuarios sin ánimo de lucro que nació en 1975, inspirada en las que ya existían en el Norte de Europa. Desde la independencia, sus profesionales elaboran información especializada en materia de consumo y pretenden acercar la respuesta a sus problemas, primero, a sus socios y, por extensión, a todos los consumidores, cuya voz está presente ante los distintos ámbitos de decisión en nuestra sociedad. Actualmente la OCU forma parte de la estructura Internacional Conseur, integrada por las asociaciones hermanas de Bélgica, Italia, Portugal, Francia y Luxemburgo, que agrupan a más de un millón de familias asociadas.